Inspirarse pudiera enfrentar retos fuertes en nuestros días. Pero, cuando la pasión es el eje central de una historia de años, inspirarse se hace natural y creciente.
Con la magnífica idea del empresario Norman Carreño, quien por años exploró el arte del hojaldre, de los sabores y de la historia.
Por mucho tiempo quiso plasmar el concepto del Volován en una experiencia única e inolvidable, por lo que, con la mezcla correcta de música, sabor y cultura, supo crear un producto que se disfruta con todos los sentidos: MESIÉ VOLOVÁN.
Lograr que los valores y bellos principios que mantenían unidas las familias en siglos pasados, regresen con cada experiencia, más que un anhelo lejano, se convirtió en el centro de la experiencia de MESIÉ VOLOVÁN.
Sin importar la suma de generaciones que presencian la experiencia, esta despertará el amor, la pasión, la felicidad y ese espíritu de unión, que le verdadero arte puede despertar.
Más allá de nuestra presencia internacional, MESIÉ VOLOVÁN será la excusa más linda para el aporte social con conciencia, basado en afectos reales, que nazcan desde las intenciones puras de corazones sinceros, con hambre de equidad, cuidado y apoyo a los más necesitados.
Imagina un mundo donde cada mesa sea un lienzo, cada plato una obra de arte y cada comida un abrazo que une generaciones. Así era en la Roma de los siglos I y II d.C., cuando los banquetes no solo celebraban la abundancia, sino que tejían lazos entre familias, vecinos y aliados comerciales. Los aromas de hierbas y especias recorrían las villas, mientras las conversaciones fluían entre risas y relatos, creando recuerdos que sobrevivían a los años. La cocina, en aquellos tiempos, no era solo alimento; era un lenguaje que conectaba corazones, que enseñaba a compartir y a valorar la compañía de otros.
Durante el Renacimiento, entre los siglos XV y XVI, la magia de la gastronomía se transformó en arte. En Florencia, París o Milán, las familias se reunían en torno a recetas heredadas, mientras los banquetes públicos celebraban alianzas entre artistas, comerciantes y nobles. Cada plato era un gesto de creatividad y generosidad, y cada encuentro un recordatorio de que la comida podía abrir caminos, sellar acuerdos y fortalecer comunidades enteras. Comer juntos no era un acto cotidiano: era un ritual que mantenía viva la esencia de la humanidad y el placer de compartir.
El siglo XIX trajo consigo la expansión del mundo, los viajes y la conexión entre continentes, y la mesa se convirtió en un puente entre culturas. Las familias descubrían sabores exóticos y aprendían historias de tierras lejanas, mientras que empresarios y visionarios sellaban sus alianzas con cenas memorables que trascendían lo material. La gastronomía enseñaba que, detrás de cada encuentro, existía una oportunidad de crear vínculos duraderos, transmitir valores y celebrar la vida en comunidad. Comer juntos seguía siendo un acto de amor, un gesto de unidad que fortalecía la sociedad.
Hoy, mirando hacia 2030, queremos recuperar esa esencia. Queremos que las familias se reencuentren, que los amigos celebren y que las comunidades construyan puentes en torno al arte gastronómico, tal como se hacía en los siglos pasados. Cada volován que compartimos es más que un bocado: es una invitación a reconectar, a valorar la tradición y a celebrar la creatividad. En este mundo colmado de arte y amor, la mesa será el escenario donde florezcan los vínculos que la sociedad necesita, donde el pasado y el futuro se encuentren y donde el simple acto de comer juntos vuelva a ser un símbolo de unión, respeto y alegría compartida.
Lo mejor de la historia no es conocerla, ni siquiera es estudiarla. Lo mejor de la historia es escribirla siendo protagonista de ella. Queremos que vengas con nosotros a seguir escribiendo.